Diez y ocho




Aunque probablemente un tatuaje las delate, nadie sabe bien exactamente dónde y en qué trabajan. Su "oficina" es un cuartucho de 2x2, con claraboyas en vez de ventanas y un ventilador ruidoso en vez de aire acondicionado. No cobran los 15 ni los fines de mes, sino a diario, a como venga. Su horario se lo imponen ellas mismas o la fatiga, cuando el cuerpo ya no aguanta y la noche está mayorcita. Casi siempre las llaman por nombres que no son los suyos y sus apellidos a nadie le importan, como a nadie le importa que pueden tener un hijo pequeñito que las espera despierto para que le den de comer, que viven en un recodo doliente del suburbio y que alguna vez amaron sin paga de por medio, sinceramente. Nadie sabe hasta cuándo estarán allí, pero presumen, quizás, hasta que las tetas se les cuelguen como guirnaldas, las nalgas se les arruguen hasta hacérseles una sola y el sexo a la intemperie ya no convoque a los libidinosos ni curiosos... Sí, son las "niñas" de la 18, esas que van y vienen por el mundo según la tristeza de la vida...
Jorge Ampuero Vacacela
Guayaquileños




"Nebot a la alcaldía y el pueblo al poder", esa fue una de las frases que pronunció Jaime Nebot Saadi ante miles de ciudadanos durante el acalorado discurso de la sesión solemne del puerto principal, Guayaquil. Los aplausos de respaldo no se hicieron esperar ante el anuncio de volver a participar en las elecciones del 2014. Quizás para él, el pueblo son aquellas personas que le dan el voto, le aplauden y vitorean cada uno de sus discursos. Guayaquil ha sido sometida a un largo proceso de regeneración urbana en el cual no participan o no tienen cabida los personajes más necesitados: aquellos que están en la calle día a día. No porque salgan a pasear al malecón, donde seguro no les permitirán el ingreso, sino porque viven en ella, en la Guayaquil regenerada y modelo exitoso.
